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En las montañas de la locura.

Cronicas del imperio Deshanico-Introducción.

DEDICADO A LA GENERACIÓN 2002-2005 DE LA ESCUELA SECUNDARIA "DANEI", YA QUE LOS NOMBRES QUE SE UTILIZAN EN ESTA SAGA SON LOS DE USTEDES....
UN SALUDO ESPECIAL A LOS EX-INTEGRANTES DE LOS GRUPOS "B" Y "C", DE PARTE DE SU HUMILDE AMIGO, OSCAR.
Crónicas del imperio Deshanico.
Introducción 
Yo soy un investigador renombrado de la Universidad de Cambridge, profesor de historia en la antes mencionada universidad. Mi nombre es William Urthar. Siempre me había preguntado cual era la razón de mi extraño apellido, ya que al parecer no provenía de ninguna lengua conocida. Mi padre es originario de Micronesia, y mi madre es Estadounidense, razón por la cual probablemente mi apellido proviniera de Micronesia..
Así que, deseoso de investigar mi apellido, me embarqué en un viaje a la Micronesia en busca de mis raíces. Sabía que mi padre era originario de Ponape, un estado conformado por una isla principal y varias islas pequeñas, de las cuales la ciudad principal es Palikir (capital de los Estados Federados de Micronesia).
Mi padre, que había sido un gran antropólogo, me había explicado cuando era niño que la raza Micronesia era distinta a la Asiática, Polinesia y Australiana, por lo que no había signos de una migración de estas razas a Micronesia como había ocurrido con otros países. Y estaba asombrado, pero en ese tiempo ni mi padre ni yo sabíamos lo que en verdad significaba aquello hasta mucho después.
Después de llegar a la isla, en compañía de un lingüista amigo mío, nos dimos en la tarea de preguntar a la gente de la región acerca del apellido Urthar, y de paso investigar sobre su historia y costumbres. Pronto nos dijeron que ese apellido era sagrado, ya que había sido el nombre del primer gobernante de Ponape, el poderoso rey Urthar, que había reinado antes de que ningún hombre hubiese pisado las tierras de otros paises. Y también los ancianos del pueblo nos contaron acerca de las ruinas en la isla, que habían sido construidas en esos tiempos, y de que antes las islas de Oceanía habían sido un solo continente, de exuberantes selvas y ríos gigantes, además de las montañas más grandes del mundo.
A mi amigo (de nombre Carl Van Buyten, originario de Holanda) le pareció al principio una historia inverosímil, y eso creí yo también al principio. Pero entonces mi amigo recordó que ya había oído esa historia en la boca de científicos japoneses, dedicados a la pseudociencia. Ellos le habían hablado de un continente formado en el pacífico hace más de 50, 000 años, llamado por científicos franceses “Lemuria” o simplemente “Mu”. En este continente había surgido el hombre,  había edificado la primera ciudad, y había fundado un esplendoroso imperio.
Ellos también le dijeron que ese continente había sido destruido hace mucho tiempo, y que los sobrevivientes habían emigrado hacia los demás continentes, colonizándolos y mezclándose con las otras razas de los otros continentes, originando a las razas modernas.
También le dijeron que Micronesia en otro tiempo había sido parte de Mu, y que por esa razón los micronesios descendían de los Lémures, y que habían edificado tiempo atrás las ruinas de Ponape.
Los pseudocientíficos japoneses afirmaban que James Churchward, un retirado coronel del ejército inglés, había recolectado de los Mahatmas de la India historias acerca de este continente, y de la existencia de un imperio aún más poderoso que el lemuriano. James Churchward, sin embargo, ocultó los escritos en Camboya, donde un militar amigo suyo se hizo cargo que cuidar los manuscritos. Así permanecieron en Camboya, incluso después de que el coronel Churchward muriera. El militar le dio esos manuscritos a sus descendientes, que los cuidaron desde el siglo XIX hasta la segunda guerra mundial, cuando el ejército japonés invadió Camboya, y al saquear uno de los edificios del derrotado ejército inglés, encontraron estos manuscritos.
Los japoneses los llevaron a Tokio, y se los entregaron a un lingüista español, Antonio Sotelo, para que los descifrara. Este logró tras años de estudio, lograr comprender los manuscritos y los tradujo al español, aunque castellanizó los nombres de los gobernantes y otros personajes. Y desde entonces ha estado celosamente guardado por el gobierno japonés, sin permitir el estudio de estos manuscritos por otros científicos, en el museo de historia nacional de Tokio.
Al oir esta historia, pensé que eran febriles pensamientos de unos aficionados científicos japoneses, sin embargo, pronto recordó que el también había llegado a escuchar acerca del continente perdido de Mu. Fue cuando su padre le contó sobre Helena Petrovna Blavatski, la fundadora de la teofísica. Ella había dicho que años atrás había existido un continente de nombre Mu, donde habitaba una raza de seres superiores a los humanos. Como ella recibió enseñanzas de los mahatmas, es probable que ellos le hubieran contado sobre Mu, como le ayudaron a Churchward en su investigación.
La semilla de la curiosidad se sembró en mi sien, al igual que con mi compañero, y ambos decidimos viajar a Japón para intentar estudiar el manuscrito. Pero antes tendríamos que hablar con el curador del museo, y si era cierto que el gobierno japonés no quería que se investigara, era posible que regresáramos con las manos vacías. Pero al menos intentarían convencer al curador.
Así que viajamos hasta Tokio, al museo de historia nacional, y pedimos ver al curador, que se llamaba Hashimoto Koshiniro. Este al principio no accedió a mostrarnos los documentos, pero después se convenció. Dijo que el gobierno japonés era inflexible con respecto al tema, pero que él se había propuesto develarle al mundo el verdadero origen del hombre, que podría revolucionar a la Antropología y a la historia mundial, y cambiaría para siempre nuestra percepción del mundo.
Así que nos dirigimos a una sala oculta del museo, donde se encontraban los manuscritos. Basándonos en la traducción en castellano de Alonso Sotelo, Van Buyten y yo, junto con Koshiniro, nos pusimos a leer el manuscrito, y pronto descubrimos que Churchward había enfocado su estudio a un imperio que gobernó Asia: El imperio Deshan, o Deshanico como le llamó Sotelo. Este era un gran y poderoso imperio (probablemente el más grandioso  que jamás haya forjado el hombre) que abarcaba la mayor parte de Asia, y cuya capital era Kenshan.
Como los escritos eran muy largos, nos enfocamos sobre una en particular que hablaba sobre el gran emperador Oscar I, llamado el grande por sus contemporáneos. Este gran emperador gobernó del 9120 al 9110 a.c, es decir, que su gobierno sólo duró un año, pero era una especie de héroe nacional para el imperio que gobernó debido a sus grandes hazañas durante una guerra. Esta parte de las “Crónicas del imperio Deshanico”, como le había llamado Sotelo al manuscrito, la hemos llamado Rapsodia de Oscar o Rapsodia II, ya que cuenta la vida de este emperador desde sus 16 años hasta sus 33 años cuando murió, y como fue uno de los caudillos del imperio en una guerra sostenida con el más implacable de sus enemigos: “El Señor de los Dragones” rey de Algenrad, un malvado hechicero que quería conquistar al mundo destruyendo a los últimos lemurianos. Como esta historia está plagada de fantasía, Van Buyten, Koshiniro y yo nos propusimos escribir una especie de novela para mayor comprensión de la gente sobre Deshan, para después sacar a la luz el resto del manuscrito. Y es precisamente lo que voy a relatar aquí.
La rapsodia de Oscar I (Ouskrath en la lengua Deshanica), comienza con una profecía que se dice estaba grabada en un templo de Mu, escrita aproximadamente en el 25,000 a.c por uno de los más famosos reyes de Lemuria, que de hecho es un antepasado mío, pues este rey es el legendario Urthar, del que oímos hablar por primera vez en nuestra visita a Ponape, al que le llamaban “Rastur”, que significa “bendecido por Ra:

Profecía de Urthar Rastur, último Mûra del Imperio de Rylehis (Lemuria) labrada aproximadamente en el año 25.000 A.C, en el templo mayor de Ra

 
El día en que hasta el mar
se vista de guerra,
el día en que amar,
se vuelva condena.
 
El día en que el dragón
al fin prevalezca,
y se apague la llama en el fogón,
el día en que el miedo al fin crezca.
 
Las tres naciones se aliarán con fuerza,
dirigidos por los hijos de lemuria,
y mil generaciones cantaran la proeza,
del soldado del caos que se anuncia.
 
Aquel soldado que con su espada,
hará temblar la tierra y el cielo.
Aquel emperador que con cimatarra,
al malvado le cortará el cuello.
 
Y los guerreros del rey maligno,
caerán todos derrotados,
al ver el rostro tan fino,
del rey de los soldados.
 
Y el emperador naciente,
se enfrentará al rey negro,
y con su armadura reluciente,
morirá con el rey veneno.
 
Ambos chocarán sus espadas,
en la orgía de la batalla.
Ambos morirán de espaldas,
muertos por la metrallla.
 
Y con esto el imperio dorado,
en la tierra se quedará,
para poder ser recordado
como el  reino que no morirá.
 
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